Naturaleza

Gran Canaria es un continente en miniatura, con un muestrario de paisajes muy poco corrientes, en medio de un archipiélago enormemente diverso. Por ello la Unesco decidió otorgar a la isla el sello de Reserva de la Biosfera. Para apoyar activamente la conservación de las piezas de este puzzle de escenarios naturales, un micromundo diferente y muy particular. Casi la mitad del espacio geográfico de Gran Canaria ha quedado incluido en la Reserva, abarcando seis núcleos de población rurales, vinculados a actividades tradicionales.

Guarda el tesoro de plantas y flores que crecieron de forma independiente al resto del globo, con el sello propio de la región de la Macaronesia. Un mundo natural que ha venido viviendo a su aire durante siglos, entre los cambiantes relieves de la isla. Y es en esto, en su relieve, en su especial configuración geomorfológica, donde reside otra de las particularidades de Gran Canaria. Una inmensa caldera de hundimiento, la Caldera de Tejeda, domina el centro de la isla, y despliega a su vez una red de drenaje de aguas pluviales que recorren los barrancos y serpentean hasta llegar al mar. En conjunto, puede considerarse Gran Canaria como un macizo que se eleva desde el nivel del mar hasta los 1.949 metros de altitud del Pico de Las Nieves.